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Estadísticas de mortalidad en México: muertes registradas en el año 2000

Salud Pública Méx 2002; Vol. 44(3):266-282

Indice

Introducción

En materia de registros de defunciones, México es un país que cuenta con experiencia centenaria. De hecho, en el año 2000 se inicia el tercer siglo de estadísticas de mortalidad. Como se presenta a continuación, en el año 2000 se registraron en México 437 667 defunciones de las cuales 2 181 corresponden a mexicanos que residían en el extranjero. Para fines del análisis estas muertes se excluyen del total.

De las 435 486 defunciones registradas en las 32 entidades federativas, 44% correspondieron a mujeres y 56% a hombres. A pesar de la importante disminución de las muertes en los niños, todavía una de cada 10 defunciones se presenta antes de los primeros cinco años de vida en ambos sexos, aunque más de la mitad suceden después de los 68 años en las mujeres y después de los 60 en los hombres. Las variaciones entre las entidades federativas se presentan en los cuadros I a III. Es importante mencionar que en algunos cuadros, además de la tasa cruda de mortalidad, se incluye la tasa estandarizada por edad. La razón es que esta última permite hacer comparaciones entre entidades federativas a pesar de que presentan diferente estructura de edades en la población. Para facilitar las comparaciones internacionales se decidió usar como población estándar la que recomienda la Organización Mundial de la Salud1 (ver nota metodológica).

En los cuadros V y VI se muestran las principales causas de mortalidad registradas en el año 2000 para mujeres y hombres a escala nacional. El formato que se decidió usar en esta ocasión para fines de presentación evita, en la medida de lo posible, las agrupaciones de causas de muerte que concentran grandes cantidades de defunciones (enfermedades del corazón, tumores malignos, etc.). Las principales causas se presentan en un nivel de desagregación que incluso permite asociarlas con intervenciones en salud específicas. En este sentido, destaca la diabetes mellitus que ocupa la primera causa de muerte en las mujeres y la segunda en los hombres, seguida de la cardiopatía isquémica y de las enfermedades cerebrovasculares.

Los cuadros VIII a XII incluyen las defunciones y las tasas estandarizadas, para mujeres y hombres por entidad federativa, de algunas causas de muerte seleccionadas por su importante magnitud.

En los cuadros XIII y XIV se presentan indicadores seleccionados sobre la calidad de la información de la mortalidad. En la primera columna del cuadro XIII se muestra el porcentaje de muertes que ocurrieron antes del año 2000 pero que fueron registradas ese año y el Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática las reporta en su estadística. En el ámbito nacional se registran alrededor de 8 mil defunciones que ocurrieron en años anteriores, observándose que en algunas entidades el registro extemporáneo asciende hasta 11%.2 Tradicionalmente se ha considerado que el certificado de defunción debe ser llenado por el médico y en México 97% de ellos cumplen con este requisito. Lo más recomendable es que sea el médico que trató al paciente el que extienda el certificado de defunción, sin embargo, eso no sucede con la frecuencia esperada en nuestro país. Si se descuentan las defunciones que por ley deben ser certificadas por los médicos legistas (defunciones por causas externas que son aproximadamente 52 mil) sólo 34% de las defunciones son certificadas por el médico tratante y el resto las certifica otro médico que no conocía a la persona que falleció. De la misma manera se utiliza el indicador de las defunciones que sucedieron en las unidades médicas, en las que se presupone que los certificados llenados en dichos lugares son de mejor calidad (cuadro XIII).

Otro criterio de calidad es la identificación de las variables de la persona que falleció, por ejemplo la edad o la condición de derechohabiencia. En México, en 2 613 defunciones no se especifica la edad, y la contribución que a este grupo de defunciones hacen los menores de un año, representa 15% del total. Actualmente uno de cada 11 certificados no especifica la variable derechohabiencia, sin embargo en algunas entidades la relación asciende a uno de cada cinco.

La sección médica del certificado de defunción y la correcta definición de la causa de muerte son fundamentales. Conviene insistir en la importancia que tiene el médico al momento de escribir en el certificado de defunción la secuencia de los padecimientos que antecedieron a la muerte, con el fin de que el codificador pueda aplicar las reglas de codificación y el principio general que aparecen en la Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE). Desafortunadamente en México todavía existen serios problemas en el llenado del certificado y sus repercusiones van en detrimento de la calidad de las estadísticas de mortalidad. En el cuadro XIV se presentan cinco indicadores que permiten evaluar la calidad de los certificados de defunción en relación con la causa básica de muerte.

Del total de defunciones 2% son clasificadas como Signos y Síntomas Mal Definidos (CIE 10 R00-99), aunque en algunas entidades asciende a 5%. Otro criterio para medir la calidad de la causa de muerte se refiere a la precisión con la que una defunción por causa externa puede ser clasificada como intencional o accidental. La CIE-10 previene esta situación y establece un grupo de códigos para “eventos de intención no determinada” Y10-Y34. En el año 2000 en México casi 5% de las 52 mil muertes por causas externas no pueden ser clasificadas como accidentales o intencionales y caen en este rubro. Lo mismo sucede con las defunciones por tumores malignos de sitio no especificado.

Uno de los problemas típicos en la certificación de la muerte consiste en referir el mecanismo de la muerte y no la causa o enfermedad que la desencadenó. Los mejores ejemplos en este sentido son las muertes por insuficiencia cardiaca (CIE 10 I50) que puede tener un origen isquémico, reumático o asociarse a una cardiopatía hipertensiva; o la insuficiencia hepática (CIE 10 K72) que, en su caso, puede estar relacionada con una cirrosis hepática, hepatitis crónica o incluso hepatoma. Las últimas dos columnas del cuadro XIV dan cuenta de este problema al cual se podrían sumar la insuficiencia renal, la insuficiencia respiratoria y la ateroesclerosis inespecífica, entre otros. Lo paradójico del caso es que en aquellas entidades federativas en donde la proporción de insuficiencia cardiaca es alta (Tlaxcala, Oaxaca, Puebla), la mortalidad por cardiopatía isquémica es baja, quedando la duda acerca de si la baja mortalidad es real o se asocia con la mala clasificación de las defunciones.

Aún existe un largo camino por recorrer para mejorar el registro de las defunciones y la calidad del mismo; sin embargo, es conveniente dejar constancia de que las estadísticas de mortalidad en México se construyen con la participación de miles de personas, quienes desde sus diferentes áreas de trabajo e instituciones mantienen su preocupación y su interés por que cada día las cifras publicadas sean de mejor calidad y utilidad.









































Referencias

1. World Health Organization. Age standarization of rates: A new WHO standard. Ginebra: WHO, 2000; GPE Discusion Paper Series No.31.
2. Para más detalle de las implicaciones que tiene el registro extemporáneo de las defunciones cf. SSA. DGIED. Tendencia de la mortalidad en México 1990-2000. Muertes ocurridas vs muertes registradas (en prensa).

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